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Reciclado de envases de plástico: ¿podemos ayudar a que se reciclen mejor?

Reciclado de envases de plástico: ¿podemos ayudar a que se reciclen mejor?

 
Hoy 17 de mayo se celebra el Día Mundial del Reciclaje. ¿Sabías que España está en el pódium europeo del reciclaje de plástico? En 2015, el 74,8% de los envases depositados en el contenedor amarillo fueron reciclados y, aunque todavía no han sido publicados los datos del 2016, todo parece indicar que los números han incrementado. Si fuéramos de los que prefieren mirar el vaso medio vacío, podríamos decir que un 25% de los residuos plásticos no se reciclan. ¿Significa eso que el 25% de los residuos no los lanzamos al contenedor adecuado? No tiene por qué: existe siempre una parte de los residuos plásticos que, pese a ser clasificados correctamente por los consumidores, finalmente y por sus características, no pueden ser reciclados.   

 

En el mundo ideal del reciclaje, los envases tendrían que estar hechos de un solo material – o la combinación de materiales del mismo tipo –. Se entiende como materiales del mismo tipo aquellos que son compatibles entre sí y su reciclado no provoca una disminución de la calidad del plástico final, es decir, se reciclan como si fueran un único material. Pero para obtener las características que los fabricantes exigen (como por ejemplo, que los alimentos que contienen duren más tiempo, que sean resistentes, que se abran fácilmente o, simplemente, que sean bonitos) muchas veces se deben combinar distintos materiales. Son estos los tipos de packaging que se pueden encontrar en este 25% que no se puede reciclar.  

 

Existen muchos criterios que afectan a la reciclabilidad de los envases y, siendo sinceros, la mayoría de ellos no dependen de la mala clasificación de los consumidores sino del diseño.

Pero, ¿podríamos nosotros, como consumidores, ayudar a que los envases de plástico se reciclen mejor? La respuesta es que sí. A continuación presentamos cinco acciones que podemos realizar para mejorar el reciclado del packaging.
 
 

1. Evita los envases de color negro o con colores muy fuertes
En las plantas de selección de envases se clasifican los distintos residuos que llegan del contenedor amarillo en función del tipo de material para luego llevarlos a la planta de reciclaje específica.
Parte de esta clasificación se realiza de manera automática por separadores ópticos que, explicado de manera muy sencilla, lo que hacen es emitir un rayo de luz sobre el recipiente y según qué tipo de luz rebota, detectan qué tipo de plástico es. Pero el color interviene muchísimo en esta parte del proceso de selección. Los envases que tienen mucho color, absorben más luz, por lo que la clasificación automática que realizan los separadores ópticos comete errores. 
Para evitar esta problemática, nosotros como consumidores, podemos elegir: ante dos productos que nos convenzan por igual, podemos decantarnos por aquél cuyo packaging tenga colores menos estridentes.

 

 

 

2. Etiquetas fuera
Las etiquetas y los adhesivos con los que las enganchan tienen implicaciones importantes en el reciclaje de los envases. Es por eso que cada vez es más común encontrar etiquetas enganchadas con muy poco adhesivo y que se pueden arrancar por completo, sin dejar restos pegados al envase. Pero el problema no es únicamente el pegamento. También podemos encontrar una incompatibilidad de materiales; muchas etiquetas están fabricadas con papel o con un plástico distinto al del envase. Aunque nosotros no podemos decidir la composición de las etiquetas ni la cantidad de adhesivo que usan, sí que podemos arrancarlas antes de lanzarlas al contenedor. De este modo nos aseguramos de que, en caso de que estén fabricadas con materiales incompatibles, lleguen al contenedor amarillo por separado.   
 

3. No olvides las tapas metálicas
Esas tapas que cubren los yogurts, las cremas hidratantes, la pasta de dientes o que recubren el bote de café soluble también tienen importantes efectos en el reciclaje. Los precintos y las tapas – casi siempre – interfieren en la reciclabilidad de los materiales, ya que suelen ser de aluminio. Así que, si vas a tirar alguno de estos envases a la basura, procura separar por completo la tapa y que no queden restos adheridos en el plástico del recipiente. 

 

 
 

4. El tapón y la botella: mejor separados 
Como sucede con las etiquetas, existen muchos envases de plástico cuyos tapones están hechos de otro material. Pese a que los fabricantes de botellas cada vez contemplan más esta problemática y empiezan a fabricar envases y tapones con el mismo plástico (o con plásticos compatibles), es muy difícil saberlo si no eres un experto en materiales (y no nos engañemos, la inmensa mayoría de nosotros, no lo somos). Por eso, lo más sencillo es separar siempre el tapón de la botella y lanzarlos al contenedor amarillo por separado. Y no debes olvidarte de sacar también la corona, esa parte de tapón que se queda enganchada a la botella. 
 
Llegados a este punto, resulta especialmente interesante destacar esas campañas solidarias de reciclado de tapones cuyos beneficios se destinan a la ayuda a distintas iniciativas. Aún sin tener en cuenta la problemática que pueden representar los tapones de plástico para la cadena de reciclado, este tipo de reciclaje es una alternativa responsable con la que todos podemos colaborar en nuestro día a día. 


 

 

5. Si puedes, evita los envases demasiado guays  
Madera con plástico, plástico con metal y todas las combinaciones que se os ocurran. ¿Bonito? Mucho. ¿Reciclable? Apenas. 
 
 

Cada pequeña acción que hagamos por el medio ambiente, cuenta.

Ayudemos a que se recicle mejor. Celebra el Día Mundial del Reciclaje todos los días.